La elección de un material para el exterior de una vivienda simplemente porque nos ha gustado al verlo en una fotografía o en alguna construcción real puede ser un punto de partida. Sin embargo, este no debería ser el único criterio si buscamos, entre otras cosas, durabilidad.
Los materiales exteriores están sometidos a cualquier inclemencia meteorológica, al sol, la lluvia, el viento, la humedad y los cambios de temperatura. Además, si estamos cerca del mar, también a un ambiente especialmente agresivo para determinados elementos.
Cuando proyectamos una vivienda en nuestro Estudio en Huelva, en Miguel TuArquitectura, no consideramos un material de fachada como una decisión aislada. Es preciso analizar y prever en la medida de lo posible cómo se comportará, cuál será su integración en el conjunto del diseño arquitectónico. Asimismo, hay algo a considerar importantísimo, cómo envejecerá en el contexto en el que se ubique.
Una fachada moderna debe funcionar hoy y también dentro de diez o veinte años.
Estas son algunas de las preguntas que considero importantes antes de tomar decisiones en la elección de materiales para el exterior de una casa.
1. ¿Dónde está situada la vivienda?
La localización es clave.
No elegiría necesariamente la misma solución para una vivienda en el interior de la provincia de Huelva que para una casa situada en Punta Umbría, El Rompido o cualquier otro punto próximo al Atlántico.
En Huelva tenemos una elevada insolación y una importante influencia oceánica. En las zonas próximas a la costa hay que sumar la humedad y el ambiente salino. Son condiciones que afectan al comportamiento y al envejecimiento de revestimientos, carpinterías, elementos metálicos, juntas y fijaciones.
Algo similar sucede al otro lado de la frontera. En el Algarve y otras zonas del litoral portugués, la combinación de exposición solar, humedad, viento y salinidad exige prestar especial atención a los materiales y, sobre todo, a cómo se resuelven constructivamente.
Por tanto, a la pregunta «¿qué material te gusta?» habría que añadir justo después ¿dónde vamos a utilizarlo?
2. ¿Cómo se comportará con el sol?
Una de las cosas que más me interesan cuando diseño una vivienda es la luz. Pero la luz que hace posible una determinada arquitectura también debe condicionar la selección de sus materiales.
La exposición al sol de una fachada en Huelva será muy intensa durante muchas horas y muchos días al año. Eso obliga a valorar cómo responderán sus acabados, colores y diferentes componentes.
Esto va más allá del hecho de que un material pueda perder color. Es conveniente considerar su estabilidad frente a la radiación, las dilataciones térmicas, el comportamiento de las juntas o la compatibilidad entre materiales distintos.
En este sentido, la orientación no determina únicamente dónde colocamos una ventana. También puede influir en cómo construimos la imagen exterior de la casa.
3. ¿Estamos cerca del mar?
Si la respuesta es sí, merece una consideración específica.
El ambiente marino puede acelerar procesos de corrosión y deterioro en determinados materiales. Puede ocurrir, por ejemplo, en determinados elementos metálicos expuestos, fijaciones y algunos acabados.
La humedad y las sales también condicionan la elección y ejecución de los revestimientos.
En una casa próxima a la costa debemos analizar qué fijaciones utilizaremos, qué tratamiento tienen los elementos metálicos, qué características tienen las carpinterías y cómo es previsible que respondan al paso del tiempo. Igualmente, hay que estudiar si la solución de fachada es adecuada frente a la humedad.
Estas decisiones serán determinantes con el paso del tiempo.
4. ¿Qué mantenimiento estamos dispuestos a asumir?
Esta pregunta me parece especialmente útil porque no todas las personas están dispuestas a realizar un desembolso posterior importante para el mantenimiento de su casa.
Hay materiales naturales que evolucionan con el tiempo y cuya transformación forma parte precisamente de su belleza. Otros necesitan tratamientos o mantenimiento periódico para conservar el aspecto original.
Unas opciones podrían ser más costosas que otras, por lo que es importante pensar en estos aspectos antes de acometer el proyecto.
Si utilizamos madera en determinados elementos exteriores, por ejemplo, debemos estudiar la especie, su tratamiento, la exposición y el mantenimiento que requerirá.
Si recurrimos a revestimientos continuos, piedra, cerámica, sistemas industrializados o elementos metálicos, habrá que analizar igualmente sus prestaciones y su adecuación al proyecto.
En definitiva, no existe una respuesta automática a la pregunta «¿cuál es el mejor material para una fachada?».
Existe el material adecuado para esa vivienda, en ese lugar, con ese diseño y para esas personas.
5. ¿Cómo se relacionan los materiales entre sí?
Una fachada contemporánea puede adquirir mucha fuerza mediante la combinación de muy pocos materiales.
De hecho, personalmente prefiero trabajar con una paleta contenida que combine distintos materiales bien armonizados unos con otros, antes que incorporar elementos simplemente para generar impacto.
Superficies claras, madera o acabados que aporten calidez, vidrio, piedra, elementos metálicos… No conviene acumular para impactar más, sino establecer una relación coherente entre todos los elegidos.
Y esa coherencia no es exclusivamente estética.
Los materiales se dilatan de manera diferente, absorben agua de forma distinta y tienen comportamientos térmicos propios. Los encuentros entre unos y otros deben estar proyectados correctamente.
Es precisamente en esos puntos donde el diseño y la técnica dejan de ser dos cuestiones separadas.
6. ¿Cómo queremos que envejezca la fachada?
Esta será una de las preguntas más pertinentes a la hora de elegir los materiales más adecuados para tu futura casa.
Con el paso del tiempo, si esto no se ha tenido en cuenta, aquella imagen que viste en un render podría distar mucho de lo que observes en tu casa. Esto es fundamental tenerlo en cuenta.
Hay que imaginar una vivienda y cualquier edificación no solo el día de su finalización, sino años después. Hay materiales que desarrollan una pátina interesante y otros cuyo deterioro puede perjudicar claramente la percepción del conjunto.
Este verano he tenido la oportunidad de observar muchos de estos detalles que os comento en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC), que os animo a visitar si vais a Santiago de Compostela. Fue proyectado por Álvaro Siza Vieira.
En el edificio en la capital gallega, inaugurado en 1993 y considerado obra maestra, se produjo un cambio en muy poco tiempo en el granito elegido, hasta el punto de que el prestigioso arquitecto portugués se mostró sorprendido y emplazó al análisis que harían los técnicos especialistas sobre la mejor solución, según informaba en 1997 el diario El País.
No todo es predecible, por supuesto. No obstante, elegir bien implica anticipar en la medida de lo posible el impacto del paso del tiempo.
Nuestra fachada, por consiguiente, no debe resultar únicamente atractiva cuando terminamos la obra. Debemos mantener el objetivo de que envejezca cómo nos gustaría que lo hiciera. A veces, incluso mejorando lo que inicialmente fue.
7. ¿El material está al servicio de la arquitectura o estamos diseñando alrededor del material?
Esta última pregunta resume bastante bien mi manera de abordar el proceso.
A veces descubrimos un material espectacular y sentimos la tentación de buscar dónde colocarlo.
Intento hacer justamente lo contrario.
Primero está el proyecto: las personas que van a habitar la vivienda, la parcela, la orientación, las proporciones, la luz, los espacios y la relación entre interior y exterior.
Después llegan los materiales.
Su función es reforzar esa arquitectura.
Podemos utilizar contrastes entre superficies blancas y elementos más cálidos; o bien, determinados revestimientos nos ayuden a enfatizar volúmenes, planos o elementos singulares de la fachada.
En todo caso, el material tiene entonces una razón para estar ahí.
Y eso se nota en la armonía del conjunto.
Fachadas modernas: mucho más que una cuestión estética
Cuando alguien busca ideas para diseñar una fachada moderna es lógico que empiece mirando imágenes. Yo también observo arquitectura constantemente, en todas partes. Me encanta viajar y encuentro inspiración en muchos lugares.
Pero entre una imagen que nos atrae y un exterior bien proyectado existe un proceso de decisiones técnicas y creativas que no siempre se ve.
En Huelva, la costa onubense o el sur de Portugal, además, el clima obliga a tener especialmente presentes cuestiones como las que hemos mencionado.
La normativa española también vincula las exigencias de impermeabilidad de las fachadas con la exposición al viento y la pluviometría del lugar, y contempla aspectos como permeabilidad al vapor, adaptación a movimientos del soporte y resistencia a la fisuración.
Por eso no entiendo la elección de los materiales como la fase en la que simplemente decidimos «cómo queremos que se vea la casa».
Es bastante más.
Los materiales participan de la imagen de la vivienda y aportan de forma decisiva a su confort, mantenimiento, durabilidad y relación con el entorno.
Cuando todas esas decisiones se han tomado bien, no de manera impulsiva, probablemente dentro de unos años nadie se preguntará por qué elegimos exactamente aquel material en lugar de otro.
Simplemente sentirá que forma parte de manera inseparable de ese espacio y que siempre debió estar ahí.

